Gonzalo Bilune

(Don't) stick to the status quo

2025-12-15Liderazgo

Hay una etapa en el crecimiento de un equipo donde todo gira alrededor de ordenar el proceso. Pero si no tenés la sensibilidad de revisar cómo envejece, el proceso empieza a ocupar un lugar que no le corresponde.

Volver

Hay una etapa en el crecimiento de un equipo donde todo gira alrededor de "ordenar el proceso". ¿Hubo un error? Falta proceso. ¿Una confusión? Definamos mejor el flujo. ¿Desalineación? Checklist, ritual, documentación. Tiene lógica: cuando el caos es total, el proceso te ordena, te da lenguaje común, reduce errores, reparte el trabajo.

Y durante un tiempo, seguro que funciona. Te libera de decidir todo desde cero y te da seguridad. Hace visible y más accesible lo que antes estaba en la cabeza de unos pocos.

Pero si no tenés la sensibilidad de revisar cómo envejece ese proceso, si nadie se pregunta qué parte sigue viva y qué parte se hace solo por inercia, el proceso empieza a ocupar un lugar que no le corresponde. Deja de ayudarte a pensar, y empieza a pensar por vos.


A veces, ese desvío no se nota. Lo que se siente es otra cosa: lentitud, apatía, reuniones que se hacen porque "hay que hacerlas". Templates que se completan pero nadie lee, decisiones que llegan tarde. Iniciativas hechas con prolijidad, pero sin entusiasmo.

Todo eso es una consecuencia lógica: si el sistema no premia la claridad ni la autonomía, lo más seguro es seguir el camino trazado. Cumplir con los pasos. Hacer lo que se espera: check, check, check.

Durante mucho tiempo creí que pensar en procesos era lo más importante pero hoy empiezo a ver que hay pains que no se arreglan con flujos. Que hay cosas que no mejoran agregando más pasos. Y que a veces, lo que frena no es la falta de proceso, sino también seguirlos a rajatabla.


Encima la IA no solo trajo nuevas herramientas. Trajo otro ritmo: donde antes necesitabas semanas de trabajo para tener algo mostrable, hoy podés armar una POC en minutos. Y con eso, cambió el tipo de decisiones que tiene sentido demorar.

Ya no estamos siempre empezando desde el problema. Muchas veces arrancamos desde una solución que no existía hace tres meses y nos preguntamos qué uso puede tener. La investigación viene después. La validación, también. Primero explorás. Jugás. Y recién ahí empezás a entender qué vale la pena construir en serio.

El proceso tradicional, diseñado para reducir el riesgo antes de tocar una línea de código, se pensó para otro mundo. Hoy, el riesgo puede ser otro: moverse lento. Tardar tanto en "alinear" que te quedás sin preguntas nuevas. Sin impulso. Sin agencia.


Entonces, ¿qué hacemos?

Respondería lo mismo que respondo para el 90% de las preguntas que me hago últimamente: ni idea. Pero para mí, no hay que tener miedo a desafiarlos. Aunque haya costado armarlo. Aunque sea cómodo. Aunque esté documentado en Confluence con 78 links.

Probemos qué pasa si nos salteamos un paso. Si arrancamos al revés. Si le damos menos vueltas y más juego. Si le damos espacio al instinto, a la curiosidad, al error que enseña más rápido que cualquier daily.

No digo que vivamos en el caos. Digo que nos aseguremos de que la estructura no le esté sacando vida a nuestro equipo. Que no estemos dejando la innovación afuera para no incomodar a nadie. Que no estemos frenando ideas por miedo a que no encajen en el flujo.

Si alguna vez hubo un buen momento para cuestionar cómo hacemos las cosas, es este.